Tucumán es estacional y, en consecuencia, tiene sus tiempos. La llegada de diciembre significó el final de la etapa productiva (aunque está en marcha la siembra de soja), para dar lugar al momento del mayor consumo.
Diciembre es el mes en que cualquier cosa que se ponga a la venta se termina vendiendo, desde juguetes, ropa y electrodomésticos, hasta cubiertas para autos, o lo que sea. Es el mes que espera el comerciante establecido, y en el que se activa con toda energía la formidable maquinaria del intercambio ilegal de mercaderías en la provincia.
Como siempre sucede en esta época del año, los propietarios de los negocios tucumanos tienen cifradas expectativas de que la temporada será exitosa, principalmente porque la economía de la provincia transitó un buena etapa, con ingresos abultados en sus principales actividades productivas, favorecidas por precios récord en algunos casos, pese a que las cosechas de caña de azúcar, de limón y de soja fueron inferiores a lo que se preveía, por problemas climáticos.
En diciembre, el Gobierno tucumano paga dos sueldos y un medio aguinaldo a la administración pública, recursos que se suman a los que inyecta el sector privado. En total, son aproximadamente $ 2.000 millones que les queman en las manos a la gente, en especial a medida que se aproximan las Fiestas. Luego, los que más tienen se van de vacaciones, y los que no se pueden dar ese gusto inician enero con grandes restricciones en sus gastos, para compensar la bacanal de diciembre. Entonces, para todo el que tiene algo para vender, lo que no coloque en diciembre tendrá que esperar hasta marzo, y con características muy distintas que las que ofrece el último mes del año. Incluso, los que tienen negocios de escalas reducidas están casi obligados a guardar, a ahorrar, para pasar los meses duros de consumo -enero y febrero- que plantean un contraste brutal con relación a diciembre.
Además del efectivo que cambiará intensamente de manos mientras dure el mes, los consumidores tendrán la opción de volver comprar en cuotas sin recargos con tarjetas de crédito, una modalidad que se puso en práctica este año, previo al Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Planes de hasta 12 cuotas sin interés darán mayor impulso al consumo, en especial en los negocios adheridos a los bancos emisores de los plásticos que ofrecen las promociones.
Como cada año, en diciembre también recrudece el reclamo de medidas contra el comercio ilegal. En esta etapa, el Estado provincial parece que hiciera la vista gorda con la venta ambulante, un poco porque nunca logró controlar realmente esta modalidad, otro poco porque tratar de erradicar a los ilegales ahora sería seguramente dramático -el Gobierno no quiere una versión vernácula de los episodios de Villa Soldati, en la ciudad de Buenos Aires-, y otro poco porque en diciembre el consumo es tan elevado que con competencia desleal o no, igual todos ganan. Sin embargo, los empresarios que pagan alquiler, impuestos y empleados insisten en exigir que el Estado -provincial y municipal- accione para defender sus derechos, en buena medida porque la venta ambulante creció exponencialmente en las últimas semanas, con decenas de puestos que coparon las peatonales. La preocupación pasa porque a medida de que avance el mes la presencia de vendedores ilegales podría llegar a ser incontenible, y los comerciantes establecidos piensan que les restarán ventas. Transitar por las calles céntricas será un infierno para quienes dejen las compras navideñas para último momento.
Diciembre es el mes en que la economía productiva se toma un respiro, con proyectos que pasan inexorablemente para el año siguiente. Es el mes de las grandes ventas comerciales, del "salvar el año" para muchos, y de gozar de los dividendos para los que se vieron favorecidos por el viento de cola de una economía en expansión.